
01 Feb Hiperconexión: efectos en nuestra salud mental y autoestima
¿Su estado anímico, o el de alguna de las personas de su entorno, cambia en función de los “likes” que tienen sus publicaciones en la redes sociales? No se preocupe, no es el único. Siga leyendo y descubrirá por qué ocurre esto.
HIPERCONEXIÓN O LA NECESIDAD DE ESTAR CONECTADO A LAS REDES SOCIALES
Para poder entender bien cómo la hiperconexión digital impacta en nuestra salud mental y autoestima conviene explicar previamente de dónde surge. Hay tres factores sobre los que se asienta este fenómeno:
1. SER HUMANO: ANIMAL SOCIAL
Todas las personas buscamos estar conectados socialmente con otros, necesitamos sentir que tenemos relaciones interpersonales significativas. Los estudios científicos han demostrado que el número no es lo importante, sino la calidad de las mismas. Sin embargo, muchas personas, en especial los adolescentes, piensan que cuantos más amigos tengan mejor. Las redes sociales son una herramienta maravillosa para cumplir ese cometido. Nos permiten conectar con personas de todo el mundo sin límite alguno.
2. EL APEGO: LA PRIMERA CONEXIÓN SOCIAL
De la relación interpersonal o el apego (término que utilizamos los psicólogos) que se establece entre una madre (o sus figuras de confianza) y su bebé, depende la calidad y el tipo de las futuras interacciones sociales del niño cuando sea adolescente y adulto. Es nuestra primera toma de contacto con el mundo social, sus reglas y las distintas maneras de sociabilizar y relacionarnos. Cuando nacemos no sabemos nada sobre ello y nuestra madre, o cuidador de referencia, nos enseña directa e indirectamente según la manera en que se relaciona con nosotros. Son nuestro modelo a imitar.
3. ESTILO EDUCATIVO: CÓMO NOS EDUCAN NUESTROS PADRES
Muy relacionado con el tipo de apego que establece una madre con su hijo está el estilo educativo que ejercen los padres con sus hijos. A día de hoy, el patrón de crianza que predomina es el permisivo. Los padres permisivos tienden a ser muy cariñosos, pero proporcionan pocas pautas y ponen pocos límites. Estos padres no pueden esperar un comportamiento maduro por parte de sus hijos y, a menudo, los hijos pueden confundirlo más con un amigo que con una figura parental. Aunque pueden existir algunas reglas y/o límites, su no cumplimiento no suele acarrear consecuencias negativas. Asimismo, los niños y adolescentes educados con patrones permisivos tienen índices de autoestima más bajos.
AUTOESTIMA, SALUD MENTAL E HIPERCONEXIÓN
Autoestima: cómo funciona
Un niño tiene dos formas de aumentar su autoestima en la primera infancia: a través de los mensajes positivos del exterior (“¡qué bien lo has hecho!”), y a través del propio esfuerzo para conseguir objetivo o metas, por pequeñas que sean (el niño que está intentando bajar la persiana y consigue moverla un poco, para él será muy gratificante: “valgo porque puedo”). Una educación permisiva se caracteriza por mucha demostración de afecto y poca exigencia. En este tipo de educación, de los dos pilares en que se basa la autoestima, uno se atrofia y el otro se dispara. La autoestima con base en los mensajes del exterior se incrementa y, sin embargo, debido a que hay poca exigencia, el propio esfuerzo para conseguir metas disminuye.
Hablamos, por tanto, de que entre los jóvenes impera una autoestima regalada, no es sólida y no prepara al niño adecuadamente para hacer frente a las adversidades de la vida. Sería algo así como expresar que estoy contento conmigo mismo y que me valoro positivamente tal y como soy, pero realmente no me creo lo que digo.
Tradicionalmente, si puntuabas alto en alguno de los test que medían la autoestima puntuabas bajo en depresión, muy asociado, entre otros factores, a la visión negativa de uno mismo. Es decir, si me valoro a mí mismo positivamente será más difícil padecer depresión. Sin embargo, a día de hoy, esto ha cambiado y ya no es así. La autoestima regalada se desmorona con facilidad, ha dejado de ser un factor de protección ante la depresión.
Hiperconexión digital
Volviendo a la conectividad social, o lo que es lo mismo, querer estar conectados con otras personas, podemos hablar de que hoy en día muchas personas tienen la necesidad de una hiperconectividad social a través de las redes sociales. Especialmente los jóvenes.
¿Cuál es la razón de esta necesidad y como afecta a nuestra salud mental?
Como ya he mencionado, el estilo educativo permisivo prima la baja exigencia y la alta afectividad. El niño que ha sido criado con este patrón es más dependiente de la validación externa para fomentar su autoestima. Es el único modo que conoce de alimentarla, que los demás le digan lo mucho qué vale. Y lo mucho que uno vale o no se mide en “likes”. Esforzarse para lograr ciertos objetivos y sentirme bien por ello no está a la orden del día. De este modo se genera la ya mencionada autoestima regalada, que al ser de poca calidad necesita ser alimentada con “likes” constantemente para no desmoronarse. De ahí la hiperconexión digital.
El otro factor que juega un papel importante en la necesidad que tienen los jóvenes de estar hiperconectados es la desintegración del tejido familiar. Ya no es tan frecuente que los padres compartan tiempo de calidad con sus hijos, tampoco que lo hagamos con nuestro grupo de iguales. Si recuerdan, al principio de este artículo, exponía cómo lo importante de las relaciones sociales es la calidad de las mismas, sin importar el número. No hace falta tener un grupo social muy extenso, mejor pocos y cercanos que muchos y lejanos. Suelo ver parejas, amigos y familiares que están más atentos al móvil que a la persona con la que están. Estamos más conectados con los que están lejos que con los que están cerca. Eso, a pesar de lo que podamos creer, nos genera más insatisfacción que bienestar.
Pero no todo son malas noticias. Aún estamos a tiempo de rectificar. Podemos llamar a un amigo y/o familiar y proponerle tomar café. Una vez que estemos juntos, lo ideal es apagar el móvil y dedicarnos a escuchar y ser escuchados. No estoy diciendo que tengamos que olvidarnos de las redes sociales, pero que no sacrifiquemos a cambio de ellas el tiempo de calidad con personas queridas. A la larga, esto último nos reporta más bienestar psicológico. Entre el apagón tecnológico y la hiperconexión digital hay un montón de puntos intermedios.
Y recuerde, siempre puede ponerse en contacto con un psicólogo si le preocupa no poder ponerle freno al uso del móvil y/o las redes sociales. Quizás sea bueno no gastar tanto tiempo con el móvil en la mano.