01 Nov El estrés, ¿bueno o malo? Síntomas, causas y cómo reducirlo
EL ESTRÉS “BUENO”, EL QUE NOS PERMITE SOBREVIVIR
Imaginemos a un león intentando cazar a una cebra en la sabana. La cebra intenta huir para sobrevivir. El león tiene el mismo objetivo, sobrevivir, pero para ello necesita comerse a la cebra. Tanto en el cuerpo de estos dos animales como en el de los seres humanos se producen una serie de reacciones fisiológicas (reacciones o respuestas de estrés) que sirven para sobrevivir, es decir, tienen una función adaptativa. Tanto el león como la cebra están en una situación de emergencia, aunque por razones distintas, y necesitan correr velozmente para sobrevivir. Es aquí donde entra en juego el sistema de estrés, que es el encargado de desconectar ciertas funciones no relevantes para la situación, como la reproducción, la digestión… y de conectar otras para aumentar la tasa del ritmo cardíaco y de la respiración que permiten llevar más oxígeno y glucosa a los músculos y así aumentar su tono muscular, lo que les permite correr y aumentar su probabilidad de sobrevivir. Todo esto, como estamos viendo, es posible gracias al sistema de estrés.
¿Se imaginan que la cebra y el león estuvieran corriendo sin parar por la sabana durante horas o días? Efectivamente, acabarían agotados y podrían incluso morir. El sistema o respuesta de estrés sirve para sobrevivir pero deja de cumplir esa función adaptativa si no tienen un botón de apagado. El cuerpo no puede estar ilimitadamente con el corazón y la respiración acelerados, ni con los músculos tensos porque acaba desgastándose y enfermando. Sus cuerpos, al igual que los nuestros, necesitan pausas para reponer las energías y el desgaste físico producido.
EL ESTRÉS “MALO”, EL QUE NOS AMARGA LA VIDA
Los seres humanos somos animales muy sofisticados. Entre otras cosas, hemos desarrollado un lenguaje complejo que nos permite hablar, pensar… pero también posibilita crear realidades que solo existen en nuestra imaginación. Podemos inventar amenazas, es decir, ver leones donde no los hay y, por tanto, activar el sistema de estrés cuando no es necesario. Si activamos y mantenemos la respuesta de estrés de manera innecesaria desgastamos el cuerpo. Ese es el problema, no el estrés en sí.
Cuando un perro nos quiere atacar o morder, existe riesgo real de ser atropellados, tenemos que esquivar un objeto que cae desde una cornisa, es decir, cuando existe un riesgo real de morir o de quedar gravemente heridos el estrés nos ayuda a conseguir sobrevivir. Pero qué pasa con el estrés que aparece cuando anticipamos que nos vamos a quedar sin trabajo o que vamos a ser rechazado en una situación social o en una cita; o pensamos en lo torpe que estuvimos ayer en la reunión de padres o del trabajo o en el trato injusto recibido por un amigo; o cuando recordamos haber acusado injustamente a un amigo o a nuestra pareja de algo que no hizo, y otras muchas situaciones que no suponen un peligro físico real para nuestra supervivencia pero ante las que reaccionamos como si nos fuera la vida en ello. Esto es lo que nos amarga la vida y nos hace sufrir y desgastar el cuerpo de manera innecesaria. Es este el estrés que nos consume lentamente. Porque sí, el estrés mata.
SÍNTOMAS: ¿QUÉ ES ESTRÉS Y QUÉ NO?
Como acabamos de ver, ante una situación de estrés (ser atacados, un accidente, salir corriendo para sobrevivir…) es normal y conveniente a partes iguales que el estrés haga acto de presencia. Lo que se traduce en que el corazón aumenta sus latidos, se tensan los músculos, se altera la respiración… Algunas personas al percibir estas sensaciones interpretan que algo malo va a ocurrir y que están en peligro, que es una amenaza, y se ponen nerviosas. Cuando las reacciones habituales y saludables del cuerpo son interpretadas como amenazas tenemos otro problema. Se llama trastorno de pánico. En otro artículo hablaré de él.
Las reacciones de estrés son experimentadas con distintos matices emocionales. Sentir una emoción frente a una fuente de estrés es sinónimo de que esta nos afecta de algún modo. Hay múltiples reacciones emocionales. Algunas de ellas son:
- Ansiedad: aparece al enfrentarnos a una situación estresante que percibimos (correctamente o no) como peligrosa, amenazante y/o dañina y pone en riesgo nuestra seguridad.
- Rabia o enfado: las sentimos cuando la situación estresante representa un obstáculo imprevisto o un impedimento para lograr algo que para nosotros es muy importante.
- Tristeza: aflora ante situaciones de pérdida (seres queridos, trabajo, estatus social, bienes materiales…) o fracasos repetidos.
- Agobio: cuando percibimos que alguna situación nos sobrepasa a todos los niveles.
- Culpabilidad: cuando la reacción se produce como respuesta al daño que hemos causado a otra persona.
CAUSAS: ¿SOMOS TODOS IGUALES?
No todas las vidas tienen las mismas fuentes de estrés. Las diferentes condiciones de vida conllevan diferentes exigencias. No cabe duda de que una persona sin trabajo que le cuesta llegar a fin de mes, que además tiene familiares enfermos e hijos que cuidar y que tiene pocas oportunidades de reponer energía por medio de actividades de ocio o disfrute, tiene una enorme probabilidad de tener la respuesta de estrés crónicamente activada. Lo que, con toda certeza, a la larga le generará problemas emocionales y dolencias físicas. Cuanto menos control tengamos sobre nuestros problemas, más probabilidad de sufrir estrés.
También es verdad que, ante una misma fuente de malestar o estrés y con condiciones vitales parecidas, dos personas pueden, y de hecho así pasa, reaccionar de distintas formas. Así pues, también es cierto que debido a las distintas biografías y aprendizajes vitales hay quienes, frente a una fuente de estrés, se alteran notablemente y quienes no se inmutan.
¿CÓMO REDUCIRLO?: ALGUNAS PAUTAS PARA SUFRIR MENOS
A continuación se describen algunas pautas que han demostrado ayudar a prevenir y reducir notablemente el estrés.
- Generar un buen tejido social. Se ha demostrado que el apoyo social es un gran protector frente al estrés, y que los individuos que pueden contar con otras personas para hacer frente a necesidades o problemas tienden a tener menos problemas de ansiedad y depresión. Gastar tiempo en cuidar y mantener relaciones sociales relevantes siempre es una buena inversión para nuestra salud mental. Además, nos hará más fuertes frente al estrés.
- Nuestro cuerpo va a acompañarnos toda la vida. Al igual que un coche, soportará mejor los caminos con baches y los acelerones que provocan las situaciones estresantes si lo cuidamos bien. ¿Qué tenemos que hacer para cuidarlo? Tener una dieta variada y equilibrada, dormir el tiempo suficiente para descansar y no abusar de sustancias tóxicas como el alcohol.
- También se pueden practicar ejercicios de relajación o hacer actividades relajantes. Las dos nos ayudan a desactivar la respuesta de estrés para que no se prolongue innecesariamente en el tiempo. La primera opción es más efectiva, pero suele ser necesario que un psicólogo nos explique y enseñe técnicas como la relajación diferencial muscular y/o la respiración diafragmática.
- Hacer deporte, del tipo que sea. El deporte es una de los mejores antidepresivos, ayuda al correcto funcionamiento del corazón, es diurético, reduce la grasa y el peso, estimula el tránsito intestinal, disminuye los azúcares en sangre y es tranquilizante. Parece un buen medicamento a recetar.
- Reírse y pasarlo bien, otro buen antídoto para reducir el estrés. Busca gente y actividades que te hagan reír. Tu corazón también lo agradecerá.
- Evitar el exceso de ocupación. Conviene diferenciar las tareas relevantes e importantes de las que no lo son, no asumir tareas que no nos correspondan y distribuir correctamente el tiempo que dedicamos al ocio, al sueño, al descanso y al trabajo. El artículo “Organizar el tiempo para lograr tus metas y objetivos” puede ayudar al lector en esta tarea.
Si aplicando todas estas pautas el estrés no se reduce y sigue en niveles muy altos la solución pasa por acudir a un psicólogo cognitivo-conductual. Es el profesional adecuado para enseñarnos herramientas y habilidades más sofisticadas que puedan ayudarnos a combatir mejor el estrés. No lo dudes y ponte en contacto con un psicólogo. No esperes más para estar bien. Tener una buena salud mental marca la diferencia en el día a día.