03 May ¿Qué es la psicología positiva?
El estudio científico del funcionamiento óptimo y funcional, eso es la psicología positiva. No es un nuevo paradigma o una nueva visión dentro de la corriente de positivismo o autoayuda (ver todo positivamente evitando todo lo negativo, lo cual puede ser contraproducente), que inunda las librerías de manuales. La psicología positiva no persigue el individualismo y usa dos términos para referirse a la felicidad, bienestar hedónico frente a bienestar eudaimónico.
El bienestar hedónica es una experiencia sensorial positiva que nos hace experimentar emociones agradables como la alegría y la satisfacción. Se basa en la noción de que el aumento de placer y disminución del dolor lleva a la felicidad o bienestar subjetivo. El bienestar udaimónico, por su parte, alude a la premisa de que la gente se siente feliz si experimenta propósitos de vida, desafíos y crecimiento.
BENEFICIOS DE APLICAR LA PSICOLOGÍA POSITIVA
Experimentar emociones positivas, o lo que es lo mismo, tener afecto positivo tiene importantes beneficios para nuestra salud. Reduce la desconfianza hacia otras personas, y favorece conductas altruistas y juicios positivos hacia uno mismo y los demás. Del mismo modo, a nivel cognitivo, genera un pensamiento más flexible y creativo, así como una mayor autoeficacia para resolver los conflictos. También mejora el sistema inmunitario que, entre otras cosas, vale para prevenir enfermedades. Todo lo que sentimos y experimentamos, aunque no pueda verse, como es el caso de las emociones positivas, repercute en nuestro organismo físico. Desgraciadamente, estamos más familiarizados con las consecuencias negativas del estrés, la depresión….
Las personas con muchas emociones positivas tienen más probabilidades de “crecer” tras un acontecimiento negativo. La escasez de emociones positivas es causa y efecto de la depresión. Aun así, no debemos olvidar que el exceso de emociones positivas tampoco es bueno. De hecho, nada en exceso reporta bienestar, más bien lo contrario. En este caso concreto se podría hablar de (hipo) manía. Al igual que la depresión es un exceso de tristeza o la fobia social de ansiedad. Todos ellos se engloban dentro de los trastornos emocionales. El problema es que hoy en día estamos más familiarizados con las emociones negativas que con las positivas. Si te interesa saber más sobre las emociones te recomiendo leer el siguiente artículo: “¿Són malas las emociones y por tanto deberíamos suprimirlas?”.
¿Cómo podemos potenciar las emociones positivas en la vida cotidiana?
Nos limitan para experimentarlas, no sabemos nombrarlas ni usarlas. Ante la pregunta, ¿Cómo te encuentras? Solemos responder con un simple “bien” o “mal”. Desconocemos lo que sentimos, no sabemos ponerle nombre ni regularlo. ¿Quieren hacer una prueba? Afortunado, encantado, apreciado, querido, alegre, inspirado, libre, expectante, concentrado, seguro, divertido, interesado, descansado, agradecido, optimista, pacífico, involucrado, confiado, exultante, halagado, emocionado, ilusionado, sereno, relajado, valorado, motivado, soñador… ¿Cuántas de estas palabras usan en su día a día para describir cómo se sienten? Probablemente pocas. Ya sea porque existe una incapacidad para percibir estas emociones o, directamente, porque no las experimentamos. Si el listado fuera de emociones negativas ocurría lo contrario, somos expertos describiendo lo negativo.
En terapia, de la mano de un psicólogo, se pueden poner en práctica multitud de estrategias y ejercicios que fomentan esta habilidad que no se aprende en uno ni dos días, requiere entrenamiento. El objetivo es saber escanear posibles actividades o momentos de disfrute para pararse a gozar, intentar aprovecharlos al máximo, compartirlos y recordarlos a menudo, así como apreciar/agradecer todas las cosas positivas que uno tiene, y no me refiero solo a bienes materiales, para que podamos contrabalancear el malestar que nos provocan las situaciones negativas de la vida.
No es lo mismo afrontar un problema con perspectiva, siendo consciente de todas las cosas agradables que forman parte de mi vida, que encararlo pensando que mi vida solo es una sucesión de eventos desfavorables. Otro objetivo sería darnos cuenta de la cantidad de cosas positivas que nos perdemos cada día por no prestarles atención. Que nos fijemos en el aquí y ahora. Hay que instalarlo en lo cotidiano.
Y un consejo, el especialista que puede ayudarnos a ser felices no es un chamán, ni un coach, ni un vidente, es un psicólogo. Que no te engañen.