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¿Qué es y cómo se trata el trastorno límite de la personalidad (TLP)?

El trastorno límite de la personalidad (TLP) es uno de los muchos trastornos de personalidad que existen. Para una mejor comprensión conviene aclarar antes, de manera breve, qué es un trastorno de personalidad y cuáles son las diferencias con el resto de trastornos. 

 

¿QUÉ ES UN TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD?

 

Podemos agrupar casi todos los trastornos psicológicos en dos grandes bloques: trastornos emocionales y trastornos de personalidad. Generalmente se habla más de los primeros, por lo que son más conocidos. Un trastorno emocional puede ser, por ejemplo, una depresión, una fobia específica o trastorno de ansiedad o pánico. No dejan de ser emociones que aparecen de forma muy intensa, con mucha frecuencia y durante mucho tiempo. Todo el mundo siente tristeza alguna vez, pero no todo el mundo tiene depresión, Una depresión es una tristeza muy intensa, muy frecuente y muy prolongada en el tiempo.

Por otro lado tenemos los trastornos de personalidad, que a su vez se dividen en otros tres grupos, categorías o clusters. Son problemas psicológicos más complejos y, por tanto, suelen ser más difíciles de tratar. No hay que confundir trastornos de personalidad con rasgos de personalidad (características de la personalidad humana que todo el mundo tiene, al igual que todos los coches tienen un volante, ruedas… pero no todos son iguales). Un trastorno de personalidad es un rasgo de personalidad muy marcado, rígido y resistente al cambio que genera un patrón de pensamiento y comportamiento muy alejado de las expectativas de la cultura del sujeto. Las personas afectadas suelen ser percibidas por los demás como peculiares, intensas, extrañas, difíciles de tratar, molestas…

 

CARACTERÍSTICAS DEL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD

 

La principal característica de este problema es un patrón de inestabilidad en las emociones (cambios emocionales bruscos, pasando fácilmente de la alegría a la ira), la autoimagen (modificaciones repentinas de las opiniones y proyectos a cerca de la profesión, la identidad sexual, los valores y los tipos de amigos) y en las relaciones sociales (pueden pasar fácilmente de idealizar a devaluar a las personas, y sentir que a la otra persona no le importa demasiado o no le da lo suficiente), así como un comportamiento impulsivo en distintos contextos vitales. Todos estos síntomas suelen empezar antes de la edad adulta.

Son individuos que tienden a tener un pensamiento dicotómico (blanco o negro, todo o nada…), lo que promueve interpretaciones y percepciones extremas de la realidad, de los demás y de ellos mismos. Las cosas son totalmente buenas o totalmente inadmisibles. Son esas evaluaciones extremas de los hechos las que les llevan a sentir emociones extremas y a experimentar cambios vitales abruptos y de su percepción sobre los demás, que pueden pasar en muy poco tiempo de ser íntimos amigos a enemigos de los que vengarse. 

Son personas muy cambiantes, tanto en sus comportamientos, estados emocionales y pensamientos o ideas. Las personas no especialistas en salud mental suelen describir a estos individuos como “bipolares” (el trastorno bipolar I ó II no tiene nada que ver con el uso común y cotidiano de esta palabra) “porque es frecuente que pasen rápidamente de estar bien a enfadarse; o porque un día dicen una cosa y a las horas lo opuesto; o porque no saben controlar la ira y es habitual que respondan con mucha hostilidad y con explosiones verbales ante pequeños desacuerdos y/o cuando alguien llega tarde o cancela una cita; o porque suelen guardan resentimiento y rencor durante muchos tiempo”. 

Sin embargo, aunque todos ellos comparten un patrón de comportamiento similar, la variedad de síntomas es bastante amplia. Esto depende, en gran parte, de la gravedad del trastorno. A mayor gravedad más síntomas y más intensos. Los trastornos psicológicos no se miden en si lo padezco o no, dentro de un diagnóstico positivo hay que mirar la gravedad o intensidad. Si por ejemplo imaginamos una escala de 0 a 10 de intensidad, no es lo mismo quien lo sufre en grado 2 que en grado 8. El segundo tendrá más malestar emocional debido a la mayor interferencia del problema con su vida.

En los casos más graves, los sujetos con trastorno límite de la personalidad tienen una sensación crónica de vacío, nada parece satisfacerlos ni agradarles. Esta sensación suele ir ligada al hecho de que son individuos que se aburren fácilmente y buscan constantemente cosas que hacer. Tampoco hay que olvidarse de que los comportamientos, gestos o amenazas suicidas son recurrentes. Entre el 8 y el 10 por ciento de los casos suele consumar el suicidio, y son aún más habituales las autolesiones (quemaduras, cortes…) y las amenazas e intentos de suicidio. 

 

TRATAMIENTO PARA EL TLP

 

El tratamiento principal debe ser la psicoterapia, pero a veces también es necesario añadir medicación psiquiátrica, e incluso hospitalizar a la persona si su seguridad está en riesgo. Hay que recordar que en muchos casos estos individuos se autolesionan o cometen intentos de suicidio. También es necesario aplicar un tratamiento para los trastornos asociados al trastorno límite de la personalidad (TLP), como la depresión o el abuso de sustancias. Esto es lo que llamamos los psicólogos comorbilidad. Es decir, qué otros trastornos suelen coexistir o aparecer conjuntamente. En un porcentaje muy alto, los pacientes que acuden a terapia presentan dos ó más problemas psicológicos, no solo uno. 

Los objetivos a conseguir en terapia con el paciente suelen ser los siguientes: 

  • Explicar y enseñar a la persona qué le pasa y cuál va a ser el camino a recorrer para incrementar su bienestar emocional. Lo que en psicología se conoce como psicoeducación. Es una parte fundamental de todo tratamiento. 

 

  • Enseñarle a controlar y gestionar las emociones desagradables. La solución nunca pasa por no sentir, sino por identificar las emociones, aceptarlas y canalizarlas de un modo adaptativo, es decir, sin sufrir ningún perjuicio. 

 

  • Reducir la impulsividad favoreciendo un análisis más racional y menos emocional de las situaciones diarias vividas. 

 

  • Favorecer interpretaciones menos polarizadas (reducir el pensamiento dicotómico), haciendo ver a la persona que muchos conceptos se explican mejor como un continuo y que un fallo no significa que todo esté mal. No todo es blanco o negro, perfecto u horrible… Existe una amplia gama de grises que no ayudan a graduar. 

 

  • Mejorar el modo de relacionarse y comunicarse (asertividad) con los demás para generar vínculos más íntimos y duraderos. Como animales sociales que somos es importante contar con una red social de apoyo. 

 

Todos estos objetivos buscan incrementar la capacidad de funcionamiento vital con la que el paciente acude a sesión. Sin embargo, aprender y adquirir herramientas y habilidades para controlar las emociones, pensamientos y conductas lleva tiempo. Las personas no cambiamos de un día para otro. Con un tratamiento adecuado estas personas suelen tener una mejoría notable, pero es probable que a veces haya momentos en los que los síntomas estén peor o mejor. La psicoterapia mejora la capacidad para gestionar estos síntomas y los problemas asociados, lo que genera un mayor bienestar emocional y vital. 

No dudes en ponerte en contacto con un psicólogo si crees que tú o algunas de las personas de tu entorno padece este problema. El TLP es una patología grave que debe ser abordada y tratada lo antes posible por un profesional cualificado. El simple paso del tiempo no soluciona el problema. 



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